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Domingo 21 de septiembre de 2008 - 10:00 AM

Un milagro del break dance

En un primer momento, George Michael no se atrevió a bailar. '¿Hermano, ¿cómo voy a bailar si apenas puedo hablar?', le dijo a Carlos Díaz, director general de Área Urbana, promotora de eventos culturales.

Publicado por: REDACCION SEPTIMO DIA

Frente a él estaban sus amigos del barrio, sus compañeros bailarines, su familia, su novia. Estaban reunidos en el auditorio Pedro Gómez Valderrama de la Biblioteca Gabriel Turbay. Estaba a reventar, más o menos con unas 250 personas adentro. George estaba sentado en una mecedora. Después del disparo, él había hecho sus intentos por bailar, por hacer pasos básicos, a pesar de que los médicos le dijeron que era peligroso, que se podía lastimar. Pero se lo tenía calladito. A excepción de su novia nadie más sabía que su intención era volver a bailar break dance. La bala la llevaba adentro, en la columna. Su mamá, Nora María Correa le había advertido: 'Ya hijo, refugiémonos en Dios, él te va a ayudar para volver a caminar'.Casi un mes después del disparo, George ya practicaba unos pasos de baile, cuando lo primero en lo que debía enfocarse, a los ojos de los demás, era en volver a caminar. Pero él  iba a darles una sorpresa. Y se le ocurrió hacerlo de repente, porque al principio no estaba del todo convencido. La razón por la cual estaban esas 250 personas en el auditorio, era porque atendían a una convocatoria hecha por sus compañeros bailarines y liderada por Carlos Díaz, director de Área Urbana.   La idea era recolectar fondos para pagar la operación que les permitiría a los doctores extraerle la bala que George llevaba incrustada en la columna vertebral, entre pecho y espalda.Ellos esperaban bailar para él, animar el ambiente, hacerle sentir que lo apoyaban y que lo querían. Pero él iba a darles una sorpresa ese 2 de agosto de 2008. Ese díaGeorge nació en 1988, en Santa Marta, pero su familia lo registró en Bucaramanga. Pasó su infancia en el barrio Las Hamacas, en Ciudad Norte, un lugar marcado por la violencia. George vive con sus padres e hizo la secundaria en Santo Ángel, en Villarrosa, que también es un barrio violento. Sin embargo, en medio de estas circunstancias que ensombrecen el panorama, conoció a Paola Rodríguez Contreras, su novia desde hace cuatro años, la de siempre.  Para el momento de la tragedia, George había abandonado sus estudios de Diseño y Administración de Sistemas en las Unidades Tecnológicas de Santander y estaba trabajando como zapatero en San Miguel. Ese día, George estaba en Las Hamacas porque venía de cobrar su salario. Estaba con su tío, Carlos Julio y con sus primos en una tienda. George caminó hasta el barrio Kennedy, aledaño a Las Hamacas –sólo hay que atravesar la autopista y subir unas escaleras- y desde allí llamó a Paola. -Espérame, estoy en la casa pero ya voy a verte. George se devolvió a su barrio. Cruzó la avenida, bajó las escaleras. Encontró a su tío y a su hermano, Edinson, de 18 años, tomando una cerveza. Ellos le ofrecieron. En principio no aceptó pero luego se dejó tentar y fue él mismo a comprar el líquido. De repente, un grito. -¡Le están pegando a su hermano, le están pegando a su hermano!George salió corriendo de la tienda. ¿Cómo? ¿A qué hora alguien había golpeado a su hermano?George empujó al hombre que estaba golpeando a Edinson. Su tío intervino y de la nada, otra persona le disparó a su tío. Lo mató. También le disparó a George en la cara. Según el parte médico, la bala entró cerca de la fosa nasal, perforó los dientes, quemó la parte de atrás de la lengua, traspasó la garganta y se ubicó cerca de la médula espinal entre la columna cervical 1 y 2. No dañó ninguna arteria ni causó otros perjuicios. Era el 14 de junio de 2008. George es un poco parco al principio de una conversación. A pesar de que es alegre, también es tímido con las personas que recién conoce. -Y es más chocho...-, dice su novia. En el hospital, mientras se recuperaba, George compartió la habitación con varias personas de la tercera edad. Su novia Paola Rodríguez Contreras, quien lo acompañó en todo momento, asegura que en el cuarto ninguno se quejaba, excepto él. Ella se ríe. Lo adora. No le importa que él no pueda caminar bien, que no tenga parte de la blanca dentadura ni ese cuerpo flexible que la enamoró. -No me importa. Es más, a mí me parece que sigue siendo muy lindo. 'No me rindo'George conoce muy bien el parte médico. Podría recitarlo sin pensarlo mucho. Es muy preciso en sus respuestas pero cuando se indagan sus sentimientos parece abrirse una brecha. 'No vi al tipo que tenía el arma. Sólo escuché el tiro y de un momento a otro estaba en el piso, mirando hacia arriba, con los dientes en la garganta y escupiendo sangre. No sentía dolor. Sólo un quemonazo por todo el cuerpo. Yo creí que me iba a morir porque cuando sentí los dientes incrustados en la garganta, sentí que algo le había pasado a mi cerebro'. Lo demás sucedió como en cámara lenta y sin sonido. Pasó un minuto antes de que sus primos vinieran a socorrerlo, pero los atacantes los amenazaron. Los niños de 11 y 12 años corrieron a esconderse en la tienda. Los dos hombres huyeron en una moto. Los testigos en la escena vinieron a auxiliar a George y lo llevaron al hospital. 'Cualquier otra persona diría que esto es muy duro y no apreciaría la vida en ese momento y renegaría de Dios. Pero yo sentí su presencia y supe que tenía otra oportunidad en la vida. Me dije vamos para adelante. Todo será mejor'. Ese excelente estado de ánimo no lo abandonó. Los médicos le garantizaron que su recuperación sería perfecta. Por supuesto, no tendría la flexibilidad de antes y ni loco volvería a bailar, pero no tendría señales visibles y con el paso de un año, volvería a caminar casi normalmente. Dos semanas después, la motricidad de George no parecía mejorar y él es impaciente. Estaba en una mecedora, no se podía mover, tenía débiles las piernas, 'me balanceaba porque no tenía equilibrio, no podía comer porque tenía esquirlas, para levantarme de la silla tenía que sostenerme la cabeza, no podía dormir más de dos horas porque al levantarme me dolía el cuello'. Adelgazó muchísimo, estaba en los puros huesos. Pero no se rindió. Otras dos semanas después hizo los primeros avances.-Fue duro. George es hiperactivo y sólo estuvo inmovilizado dos meses y medio. Yo estuve muy cerca de él; afortunadamente mi familia lo quiere mucho y lo tienen en muy buen concepto. Los médicos decían que durante un año no se podría mover. Pero no perdí las esperanzas- señala su novia. Otros quince días después expulsó por la boca las esquirlas de la bala. Hacerlo fue como un exorcismo. Estaba listo para moverse al son del break dance. Para intentarlo. 'Todos me regañan porque me muevo, ellos dicen que es peligroso pero yo no lo veo así. Puedo decir que el baile me ha ayudado en mi recuperación. No creo que una persona se recobre quieto, sin moverse'. Veinte días después de salir del hospital, George bailó de nuevo por primera vez. Lo primero que hizo fue un paso de top rock. Este movimiento es muy básico y consiste en levantar un pie, avanzar y retroceder a la posición inicial. Parece fácil, pero hacerlo a ritmo de break dance es otra cosa.     La campañaLa operación vale cinco millones. Y a pesar de que tiene la ayuda de una entidad como Visión Mundial, el dinero todavía no le alcanza. Por eso sus compañeros organizaron la campaña. Y todo estaba saliendo de maravilla. Carlos Díaz explica que la imagen del bailarín de break dance y del rapero está muy distorsionada. 'La gente piensa que los muchachos son vagos, que no hacen nada, que son malandrines. Pero en muchos casos la situación es bien diferente. Los jóvenes se atreven a hacer cosas, se respaldan unos a otros. Es una familia'. Faltaba la intervención de George. La emoción del público, con sólo verlo recuperado tan rápidamente, se habría puesto al límite con tan sólo escucharlo hablar. Pero verlo bailar, 'eso fue la tapa', como dice Carlos Díaz. Y lo hizo. Tres o cuatro pasos apenas, pero se movió al ritmo de break dance. Llanto, risas, aplausos.  -Yo sabía que él estaba ensayando así que lo que realmente temía era que lo lastimaran o que se fuera a caer. La verdad es que George se recuperó tan rápido que a sus amigos se les olvida y lo saludan con fuerza, con una palmada en el hombro- explica Paola. '¡Dios mío, qué alegría!' señaló su mamá Nora María Correa. Con ella estaban los hermanos de George, Diego Fernando Hernández, de 23 años y Edinson de 17. 'Yo lloré cuando lo vi bailar porque él estaba frustrado, pensaba que no iba a volver a bailar', señala Nora. Sin embargo, después de la emoción y la dicha, de los buenos resultados de la campaña y la valentía de George, la operación no ha podido hacerse. Algunos médicos le aseguran que es muy peligroso extraer la bala. Sólo tres personas en Bucaramanga, entre ellos el neurocirujano Mario Bueno de la Clínica Bucaramanga, le han dicho que pueden practicar la cirugía. Hay riesgo, pero vale la pena intentarlo porque el éxito de la operación le garantizaría una vida normal.

Publicado por: REDACCION SEPTIMO DIA

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