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Sociales
Sábado 20 de septiembre de 2008 - 09:17 AM

El luto de La Fortuna

¡A los salooones!, gritaba con voz gruesa Vladimir Naranjo, el profesor más antiguo que tenía el Colegio Agropecuario La Fortuna. Ya no está, pero el eco de su alegre vozarrón sigue recorriendo los pasillos, los salones y la improvisada cancha que es más grande que las instalaciones de este centro educativo, a 40 kilómetros de Barrancabermeja.

Publicado por: ELIZABETH REYES LE PALISCOT

Vladimir no se fue solo. El mismo día de su partida, el miércoles 30 de julio, se fueron sin quererlo, abruptamente, como un soplo que el destino escupe, seis de sus compañeros.Se fue Johan Calvo, profesor de sociales, filosofía, ciencias políticas y religión. También Yesenia Peñaloza, que dictaba español en todos los cursos de bachillerato. Ese era su último día en La Fortuna porque había sido trasladada a otra institución. Y Cindy Estefany Barragán, la más joven de todos, que tenía a su cargo a los alumnos de tercero de primaria. Tras ellos también se fue Gabriel Ángel Beltrán, que enseñaba informática y educación física en todos los grados y estaba recién casado. Y se les unió Elga Johana Gómez, médica veterinaria que hacía sólo ocho meses se había estrenado como mamá.Dentro del grupo, también partió Mayerli Hernández, que ninguno conoció en La Fortuna porque ese trágico miércoles era su primer día de trabajo como docente de matemáticas. Pero eso ya no importa. En una de las paredes de la rectoría, una fotocopia ampliada de su rostro está junto a otras de los que hubieran sido sus compañeros. Es el mosaico de la tragedia. También está la foto de Jesús David Daza, alumno de noveno grado y la de don Manuel, como todos llamaban al conductor de la buseta en que finalmente se marcharon de un solo golpe.Seis de los diez profesores que hacían parte del grupo que trabajaba en la sede de bachillerato de La Fortuna, murieron a pocos kilómetros de salir de Barrancabermeja. El dolor que se vive en el colegio, es el mismo que sentiría quien hubiera perdido de un tajo al 60 por ciento de su familia.El peso del rectorA 80 kilómetros de Bucaramanga aparece a lado y lado de la carretera que va hacia el norte del país, un corregimiento minúsculo donde abundan los estudiantes. Unos llevan sudaderas rojas y otros van con botas pantaneras. Hace calor en La Fortuna.De Barrancabermeja a La Fortuna hay 40 minutos, pero una buseta que transporta alumnos y profesores lo hace en una hora.Desde hace un año, Manuel Enrique Rúa Castro salía diariamente a este corregimiento a las cuatro de la mañana. Iba y venía. Todos lo conocían. El día del accidente tenía la ruta que comúnmente transporta a profesores, incluido al rector del colegio.  El martes, la buseta tuvo el cupo lleno; diecinueve profesores. Pero el miércoles, Gustavo Prada Russo, que hace cuatro años dirige la institución educativa de La Fortuna, no la utilizó porque tenía una reunión de rectores en la Secretaría de Educación del municipio. Se salvó, pero estar al frente de semejante tragedia, lo desmoronó.Eran las 6:20 de la mañana cuando recibió la llamada de una profesora del colegio que vive en el corregimiento. 'Hubo un accidente con la buseta que transporta a los docentes, se mató don Manuel y hay docentes heridos', fue lo que alcanzó a decir en medio de la angustia. Gustavo marcó a los celulares de siete de sus compañeros y ninguno contestó. 'Cogí la moto, le eché gasolina y me llevé el carné para identificarme como rector. Cuando iba ya venían las ambulancias hacia Barrancabermeja. No dejaban pasar a menos de 100 metros y todo estaba acordonado', dice. Otro conductor conocido le soltó lo que a gritos se oía: Ocho profesores muertos, cuatro heridos y don Manuel. Finalmente serían 13 las víctimas fatales.Gustavo no se movió del lugar hasta que hicieron el levantamiento de todos los cuerpos. Llegaron familiares y en medio de su angustia -sabiendo quiénes habían muerto-, no fue capaz de decirles. 'Yo sentí como si me hubieran desmembrado, porque ellos eran mi equipo de trabajo. Éramos 16 docentes. Se me llevaron casi toda mi sede para el cielo', dice Gustavo sentado en la rectoría y mirando fijamente el mosaico provisional de los que ya no están.En La Fortuna la noticia se regó como veneno antes de las siete de la mañana. Gustavo dio la orden de cerrar temporalmente el colegio porque sabía que en Barrancabermeja decretarían unos días de duelo. Fueron dos.

El lunes siguiente, cuando las clases tenían que reiniciar y luego de un entierro al que asistió la mayoría de habitantes de La Fortuna, el alcalde de Barrancabermeja montó una estrategia de acompañamiento a cargo de 12 profesionales entre psicólogos, psiquiatras y psicopedagogos. ¿Qué decir? ¿Cómo empezar? ¿Seguir?'Hubo una niña que no volvió. Era huérfana de madre y hace poco le habían matado a su padre. Ella estaba muy apegada a una de las docentes -que sobrevivió al accidente- y no volvió.La tía que dejaronPara Aynelda Isabel Ruiz, la profesora de producción agrícola de La Fortuna, el dolor ha sido doble.Ese trágico miércoles también murió su sobrino Jesús David, que había llegado tan solo en mayo a vivir con ella. Estaba en noveno grado, tenía 17 años, amaba el campo y por eso estaba en La Fortuna.Ese día salieron juntos a esperar la buseta. 'Yo me vine con mi sobrino a la parada, nos encontramos con el profesor Gabriel, pero olvidé las llaves de la herramienta y me devolví. Yo les dije que me esperaran y no lo hicieron. Se fueron con don Manuel'.Ella logró tomar otra buseta, pero en medio del camino recibió una llamada preguntando por lo que había pasado.- 'Si, sí, la buseta donde ustedes venían, ¿qué les pasó?', fue lo que escuchó.Quedó atrapada en medio del trancón que ya se había armado en la vía y corrió hasta el sitio.Llegó justo cuando sacaban a su sobrino, que murió dos horas después.Ahora guarda en su celular unas fotos de Jesús David que le tomó el día anterior al accidente. También tiene las del Día del Profesor. Se voltea y mira el doloroso mosaico. El llanto es inevitable. 'Ayer entré al salón de noveno y al escucharlos siento como si los alumnos quisieran que los suplentes fueran iguales a los que ya no están. Todos ellos oraban antes de iniciar sus clases. Eso lo extrañan. Y me dicen: Hay profe entienda, es que a veces nos acordamos'. Aynelda siempre le decía a su sobrino: Dios te guarde y la sangre de Dios te cura. Pero ahora sólo recita la segunda parte porque de tanto decirlo –afirma-, a su sobrino Dios lo guardó para siempre. En el puebloEsther Patiño vive en La Fortuna y es la profesora de primaria. Esta sede, a la que llaman ‘la  escuela’, está separada de la principal por la carretera central.Ella fue una de las primeras personas que se enteró del accidente porque una madre de familia llegó con la noticia hasta su casa.'Yo llamé a Gustavo, quería saber qué había pasado. Inmediatamente le marqué a Cindy pero no me contestó. Le marqué a Tulio, uno de los sobrevivientes y cuando me contestaron sólo oí un lamento y el celular se apagó no volvió a responder', cuenta. Con otra profesora fueron directo a las clínicas en Barrancabermeja y pronto se enteraron de los nombres de las víctimas. 'A Cindy ni siquiera la pudimos volver a ver. Teníamos la costumbre de ‘un compartir’ diario y ese día le tocaba a Cindy. La hermana me contó que traía unas arepas'. Ester dice que en La Fortuna nunca habían sentido un dolor tan grande. Ni siquiera en la época en que las muertes selectivas azotaron Barrancabermeja.'Y nos seguimos preguntando; ¿qué sucedió?'.

Publicado por: ELIZABETH REYES LE PALISCOT

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